Se empieza contando los electrones de valencia disponibles: el boro aporta 3, cada flúor 7 y la carga negativa uno más.
Cuatro de esos pares son los enlaces simples B–F y los doce restantes quedan como pares no enlazantes, tres en cada flúor. Así el boro alcanza el octeto, cosa que en el
neutro no ocurre: la carga negativa es justo el electrón que le faltaba.

Alrededor del boro hay cuatro pares y ninguno libre, de modo que la geometría es
, con ángulos de enlace de 109,5°.
El azufre aporta 6 electrones de valencia y cada hidrógeno 1:
Dos pares son los enlaces S–H y al azufre le sobran otros dos como pares no enlazantes.

Hay cuatro pares alrededor del azufre, así que se disponen en tetraedro; pero la geometría
, que solo atiende a la posición de los átomos, es
. Los dos pares libres ocupan más espacio que los enlazantes y comprimen el ángulo por debajo de 109,5° (en la molécula real está en torno a 92°).
El carbono aporta 4 electrones de valencia y cada cloro 7:
Cuatro pares son los enlaces C–Cl y cada cloro conserva tres pares no enlazantes.

Con cuatro pares enlazantes y ninguno libre, la geometría electrónica y la molecular coinciden: es
, con ángulos de 109,5°.
El carbono aporta 4 electrones y cada azufre 6:
Con enlaces simples el carbono se quedaría con solo cuatro electrones, así que hay que formar dos enlaces dobles, uno con cada azufre; cada azufre conserva entonces dos pares no enlazantes.

Alrededor del carbono hay dos zonas de enlace y ningún par libre —un doble enlace cuenta como una sola zona—, de modo que la geometría es
, con un ángulo S–C–S de 180°.