EXPLICACIÓN DEL RESULTADO. Las tres curvas son ensayos de la MISMA enzima con el MISMO sustrato, y lo único que cambia entre ellas es el pH del medio. Sin embargo, el resultado es muy distinto:
A pH 7,3 la curva sube deprisa y alcanza la velocidad máxima más alta de las tres. Es una hipérbola de saturación de libro: la velocidad crece al aumentar la concentración de sustrato hasta que todos los centros activos están ocupados, y entonces se estabiliza en la meseta.
A pH 5,8 la curva tiene la misma forma, pero su meseta está mucho MÁS BAJA. La enzima sigue funcionando, y sigue saturándose, pero su velocidad máxima es bastante menor que a pH 7,3.
A pH 8,5 la curva es una LÍNEA HORIZONTAL sobre el eje: la velocidad es nula. Por mucho sustrato que se añada, no hay reacción; la enzima está completamente inactiva.
RAZONAMIENTO ESTRUCTURAL. Lo que explica estas diferencias es el efecto del pH sobre el ESTADO DE IONIZACIÓN de los grupos ionizables de la proteína, y de ahí sobre su estructura y su centro activo. Los radicales de los aminoácidos ácidos —aspártico y glutámico— y básicos —lisina, arginina e histidina— ganan o pierden protones según el pH del medio, y su carga eléctrica cambia con ello.
Eso tiene dos consecuencias. La primera afecta al CENTRO ACTIVO: los aminoácidos catalíticos y los de fijación deben tener una carga determinada para reconocer al sustrato y para intervenir en la catálisis. Si el pH los protona o los desprotona, la complementariedad de cargas con el sustrato se pierde, la afinidad disminuye y la reacción se ralentiza. La segunda afecta al PLEGAMIENTO GLOBAL: las interacciones electrostáticas entre radicales con carga opuesta son uno de los enlaces que sostienen la estructura terciaria, y al alterarse, la conformación se deforma; si el pH es lo bastante extremo, la proteína se DESNATURALIZA y la pérdida de actividad es total e irreversible. También el propio sustrato puede cambiar de estado de ionización y dejar de encajar.
Aplicado a los tres ensayos: a pH 7,3 la enzima conserva su conformación y su centro activo tiene la ionización adecuada, así que trabaja a pleno rendimiento. A pH 5,8, ligeramente ácido, parte de los grupos ionizables ha cambiado de carga y una fracción de las moléculas de enzima ya no es funcional o lo es peor; la actividad no desaparece, pero la velocidad máxima baja. A pH 8,5 el medio es lo bastante alcalino como para desnaturalizar la enzima: la estructura terciaria se ha perdido, el centro activo ya no existe como tal y la actividad es nula.
Conviene señalar que lo que cambia entre las curvas de pH 7,3 y 5,8 es la VELOCIDAD MÁXIMA y no la
aparente, y que esa caída no se corrige añadiendo más sustrato: la meseta es el techo. Añadir sustrato solo sirve para saturar las enzimas que siguen activas.
EL pH ÓPTIMO. Es aquel en el que la enzima alcanza su mayor velocidad, y de los tres ensayados es claramente el pH 7,3, próximo a la neutralidad y coherente con el pH del citosol y del plasma sanguíneo. Cabe precisar que el óptimo verdadero podría estar en algún valor intermedio no ensayado, entre 6 y 8, ya que con solo tres puntos no puede trazarse la campana completa; lo que sí se puede afirmar es que está mucho más cerca de 7,3 que de los otros dos.
No todas las enzimas tienen un óptimo neutro: la pepsina del estómago lo tiene en torno a 2 y la tripsina intestinal en torno a 8, porque cada una ha evolucionado para trabajar en el medio en el que se encuentra. Que esta enzima tenga su óptimo cerca de 7 sugiere que actúa en el citoplasma o en la sangre.