a) Defina inmunidad adquirida o adaptativa. [0,4 puntos]
b) Defina inmunidad natural. [0,4 puntos]
c) Defina inmunidad pasiva. [0,4 puntos]
d) Defina enfermedad autoinmune. [0,4 puntos]
e) Defina inmunodeficiencia. [0,4 puntos]
Es la inmunidad que el organismo desarrolla a lo largo de su vida como respuesta frente a un antígeno concreto con el que ha entrado en contacto. A diferencia de la inespecífica o innata, es específica de cada antígeno, tarda unos días en establecerse y deja memoria inmunológica, de modo que un segundo contacto con el mismo antígeno provoca una respuesta más rápida e intensa. La llevan a cabo los linfocitos B, mediante los anticuerpos, y los linfocitos T.
Es la inmunidad adquirida que se obtiene de forma espontánea, sin ninguna intervención médica. Puede ser activa, cuando el individuo entra en contacto con el patógeno, pasa la enfermedad y fabrica sus propios anticuerpos y células de memoria; o pasiva, cuando recibe anticuerpos ya formados de otro organismo, como los que la madre transfiere al feto a través de la placenta o al lactante a través del calostro y la leche.
Es la que se consigue al recibir anticuerpos elaborados por otro organismo, sin que el sistema inmunitario propio llegue a reconocer el antígeno. Su protección es inmediata, lo que la hace útil como tratamiento de urgencia, pero es temporal y no deja memoria inmunológica, porque desaparece a medida que esos anticuerpos se degradan.
Puede ser natural, como la que pasa de madre a hijo por la placenta o la leche, o artificial, como la sueroterapia y la administración de gammaglobulinas frente al tétanos o a la mordedura de una serpiente.
Es la alteración en la que el sistema inmunitario pierde la tolerancia frente a lo propio y reacciona contra antígenos del propio organismo, produciendo autoanticuerpos o linfocitos T autorreactivos que dañan sus células y tejidos. Son ejemplos la diabetes mellitus de tipo I, en la que se destruyen las células
del páncreas, la artritis reumatoide, el lupus eritematoso y la esclerosis múltiple.
Es la situación en la que el sistema inmunitario resulta incapaz de desarrollar una respuesta eficaz frente a los agentes patógenos, por fallar o faltar alguno de sus componentes. El individuo sufre entonces infecciones repetidas, graves y causadas incluso por microorganismos poco virulentos.
Puede ser congénita, de origen genético, o adquirida, como la que provoca el virus VIH al destruir los linfocitos T colaboradores y desembocar en el sida.