Un fotosistema actúa en la fase luminosa, que transcurre en la membrana de los tilacoides del cloroplasto.
Su función es captar la energía luminosa y transformarla en energía química. Los pigmentos de su complejo antena absorben los fotones y transmiten la energía por resonancia hasta el centro de reacción, donde una molécula de clorofila
especializada la utiliza para ceder un electrón a un aceptor primario. Con ese flujo de electrones se obtienen finalmente el ATP, por fotofosforilación, y el
, que son los productos que la fase luminosa entrega a la de fijación. En el caso concreto del fotosistema II, la reposición de los electrones cedidos procede de la fotólisis del agua, que es la reacción de la que se desprende el oxígeno.
La rubisco actúa en la fase oscura, de fijación del carbono o ciclo de Calvin, que transcurre en el estroma del cloroplasto y que no depende directamente de la luz.
Su función es catalizar la fijación del
: lo une a la ribulosa-1,5-bisfosfato, un compuesto de cinco carbonos, y el compuesto de seis resultante, inestable, se escinde de inmediato en dos moléculas de ácido 3-fosfoglicérico. Es la reacción que incorpora el carbono inorgánico a la materia orgánica y, por tanto, la que sostiene toda la producción primaria de la biosfera.
Un antígeno es toda sustancia que el organismo reconoce como extraña y que desencadena frente a ella una respuesta inmunitaria específica, con producción de anticuerpos o activación de linfocitos, y que además es capaz de unirse específicamente a ellos.
Suelen ser proteínas o polisacáridos de elevado peso molecular situados en la superficie de los microorganismos, en la de las células extrañas o en las toxinas. El anticuerpo no reconoce la molécula entera, sino una pequeña porción de ella llamada determinante antigénico o epítopo, de modo que un mismo antígeno puede inducir la formación de varios anticuerpos distintos.
Un anticuerpo o inmunoglobulina es una proteína globular producida por las células plasmáticas, derivadas de los linfocitos B, que se une de forma específica al antígeno que indujo su formación.
Está constituido por cuatro cadenas polipeptídicas —dos pesadas y dos ligeras— unidas entre sí por puentes disulfuro y dispuestas en forma de Y. Cada cadena presenta una región variable, en los extremos de los brazos, donde se sitúan los dos centros de unión al antígeno, y una región constante. Existen cinco clases —
,
,
,
e
—, y su unión al antígeno da lugar a las reacciones de precipitación, aglutinación, neutralización y opsonización.