Se examina cada una comprobando dos cosas: que no viole ningún principio y que el llenado siga el orden creciente de energía.
Ningún subnivel supera su capacidad máxima (
admite 2 electrones y
admite 6) y el llenado sigue el orden de energías creciente, sin saltarse ninguno: primero
, luego
,
,
,
y por último
, que en efecto se llena antes que el
. Suma 20 electrones, así que corresponde al calcio.
Es un
.
El subnivel
está formado por un solo orbital, y en un orbital caben como mucho
electrones, que deben diferenciarse en el espín. Un tercer electrón tendría forzosamente los cuatro números cuánticos iguales a uno de los otros dos, lo que contradice el principio de exclusión de Pauli.
Es un
: no existe, ni excitado ni fundamental.
Ningún subnivel está sobrecargado, así que la configuración es posible. Pero el último electrón ocupa un orbital
mientras el
, de menor energía, está
. Se ha saltado un subnivel, cosa que no ocurre en el estado de mínima energía. Suma 11 electrones, luego se trata del sodio, cuyo estado fundamental sería:
Es, por tanto, un
: el átomo ha absorbido energía y uno de sus electrones ha promocionado a un nivel superior. Al volver al fundamental emitirá esa energía como radiación, que es el origen del color amarillo característico de las lámparas de sodio.
En los dos casos los
son polares, porque el oxígeno es más electronegativo tanto que el carbono como que el hidrógeno, y atrae hacia sí el par compartido. La diferencia no está ahí, sino en la
, que es lo que decide si los momentos dipolares se cancelan al sumarlos como vectores.
El carbono central está rodeado de dos zonas de densidad electrónica —los dos dobles enlaces— y no le queda ningún par no enlazante, porque sus cuatro electrones de valencia están comprometidos:
Dos zonas se separan al máximo colocándose a 180°, así que la molécula es
. Los dos momentos dipolares tienen igual módulo, la misma dirección y sentidos opuestos, de modo que se anulan:
La molécula es
.
El oxígeno tiene 6 electrones de valencia: emplea 2 en los enlaces con los hidrógenos y
. Hay por tanto cuatro zonas alrededor del oxígeno, que se disponen en tetraedro; pero como dos de los vértices están ocupados por pares libres, la geometría molecular es
, con un ángulo de 104,5°.
Al estar la molécula doblada, los dos momentos dipolares no están enfrentados y su suma vectorial no es nula: apunta desde el punto medio de los hidrógenos hacia el oxígeno.
La molécula es
.
La conclusión general es que tener enlaces polares no basta para que una molécula lo sea: hace falta además que su geometría no sea simétrica. Esa diferencia explica por qué el agua es un disolvente excelente para sustancias iónicas y el dióxido de carbono no.